Hoy quiero parafrasear un título de Laura Uve (“Que las hadas protejan el amor” −http://u-topia1.blogspot.com/2011/02/que-las-hadas-protejan-el-amor.html−. Porque citar correctamente suele ser motivo de orgullo para el autor, y nada tiene que ver con el ruin plagio), y hacer un llamamiento a esas hadas en las que ella cree. En las que yo, a pesar de mi edad, aún sigo creyendo con una fe que no quiero considerar ciega, sino de penetrante vista. Porque, en efecto, no sólo es posible ver con los ojos. Y ése es uno de los motivos por los cuales os insto siempre a reapropiaros del tan (y tan injustamente) denostado tacto: a tocar, entre otras cosas, los árboles. Aprender a sentir es un largo proceso. Y el aprendizaje sentimental requiere mucha práctica.
Ayer, regresando de Gargantilla bajo la torrencial lluvia, la muralla, el agujero en la muralla, se materializó en mi mente. Porque estaba muy sumida en el paisaje interior y en su apasionado idilio con el paisaje exterior que me circundaba, pero no podemos caer en la tentación (ni siquiera los amantes más encendidos deben) de desgajarnos sin más del mundo. Ni de permitir que nuestra alegría o nuestro dolor se nos antoje el universo entero. Porque, de hecho, quizá nuestra alegría o nuestro dolor valgan mucho menos si no son compartidos. Quizá ni siquiera merezcan tales nombres cuando brotan aislados. Y porque yo no soy solo conmigo mismo: soy con otros, insertado en un tejido social que me debe, pero al que yo también debo. Siempre he considerado más satisfactorio regalar a que me regalen, amar a que me amen, escuchar (aunque quizá a veces no lo parezca) a que me escuchen.
Ayer pensaba en los efectos devastadores, peligrosísimos, que tendría toda esa agua en el precario apuntalamiento. En cómo el terreno se empaparía y pesaría cada vez más y más. Hasta quizá derrumbarse definitivamente.
Hoy, un vecino afectado me comunica que otro de los penitentes, conocedor además de los secretos del noble arte de la albañilería, asegura haberse percatado de que a lo largo de esta noche una modificación ha habido: uno de los puntales de la derecha se comba más que antes. Bajo lo que un profesional describe como un peso que ha aumentado en las últimas horas. Las piedras, la tierra y el lodo siguen bajando furtivamente, sigilosamente. ¿Dejaremos que ese lodo entierre? ¿Que enfangue la conciencia y con ella la memoria?
Si no nos protege el Ayuntamiento, que al menos nos protejan las hadas. Aunque, con todo el amor y el agradecimiento que nutro por lo sobrenatural, yo preferiría que fuesen los primeros quienes lo hiciesen: supondría un gesto. Quizá un gesto indicativo de un cambio de actitud. Y también de un cambio en el acercamiento a los vecinos de Hervás y sus problemas, a los problemas de las personas cuyos intereses presuntamente representa. Que el sistema no se revele un espejismo. Porque yo soy, fundamentalmente, mujer de fe. Y quiero seguir creyendo.
Mi salud mental y emocional agradecería sobremanera al Ayuntamiento de Hervás que tomase medidas, aunque éstas hubiesen de ser provisorias (si de verdad quien tiene que poner los fondos, sea quien sea, no dispone en este momento de ellos). Aunque fuese revisando (por parte de expertos fiables) el apuntalamiento y renovándolo. Si es que de momento no es posible restaurar, cuanto menos, ese pedazo de muralla. No esperemos a la desgracia.
" Hervás con sus castañares recoletos en la falda de la sierra, que hace espalda de Castilla, tus telares reliquias de economía medieval que el siglo abroga, y en un rincón la sinagoga en la que la grey se reunía, que hoy añora la verdura de España, la que regara con su lloro, -de él no avara- el Zaguán de Extremadura"
(Miguel de Unamuno)
Os invito a que emprendamos juntos un viaje gracias al cual esperamos llegar a conocer mejor el Barrio Judío de Hervás y su patrimonio histórico y cultural en general. Porque sólo protegemos lo que amamos, y sólo amamos lo que conocemos.
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domingo, 20 de febrero de 2011
viernes, 18 de febrero de 2011
ENTERRADOS VIVOS
SECCIÓN:
NOTICIAS DE ACTUALIDAD,
SOS HERVÁS
Es necesario mirar dentro. Pero sin, ni siquiera en los momentos en los que la introspección es más profunda o nos encontramos en las simas más insondables, perder de vista lo que hay fuera. Porque de hecho esa introspección, que ha de servir para mejorarnos, ha de convertirnos en individuos más valiosos para la comunidad, para dar más y mejor a nuestros semejantes.
Hoy acogeremos una entrada que recupera, sin metáforas ni otras figuras literarias, sin velos, la esencia originaria de este blog, y también de mi blog centrado en la naturaleza de Hervás (http://hervasencuatrosaltos.blogspot.com/). Ambos nacieron en su día con vocación de servicio a la comunidad, ya sea a la de Hervás o a una mucho más amplia. Y hoy ponemos ambos al servicio de la comunidad más restringida: la patria chica. Pero apelando también, por supuesto, a la solidaridad de los que componen la mayor: a quienes nos han visitado o nos visitará, a quienes quizá nunca lleguen a conocernos y sencillamente se preocupan por su prójimo. Porque además los amantes de la naturaleza suelen ser personas especialmente solidarias, en buena medida por motivos que analizamos hace ya algún tiempo.
Disculpareis si el título parece un tanto efectista. Si adopta tintes dramáticos o incluso catastrofistas. También podría haber titulado esta entrada “La muralla de Hervás se está cayendo”, parafraseando la famosa cancioncilla infantil inglesa “El puente de Londres se está cayendo”. Pero la cosa es que yo, que (os lo creáis o no) tiendo siempre a desdramatizar, en este momento no tengo ningunas ganas de tomármelo a broma. No, porque no es cosa de risa que las personas no concilien el sueño por las noches pensando si la muralla que rodea la Iglesia de Santa María de Hervás (Santa María de la Asunción de las Aguas Vivas) acabará cayendo sobre sus cabezas. No es una bella margarita que deshojar.
Hoy, a eso de las dos de la tarde, cuando le preguntaba a una de las vecinas más afectadas qué mensaje deseaba transmitir a las personas que leyesen esta entrada (a todos sus vecinos, si fuese posible que a ellos llegase a través de nosotros), qué sensación quería que los demás percibiesen, ella respondía, como es lógico, “que se vive con miedo”. Añadía “cuando escucho ruidos raros por la noche, pienso Ay, Dios mío, a ver si es la muralla que ya se está cayendo. Y cuando sopla el viento pienso a ver si se va a caer ahora”. Añade este testigo que ayer vio desprenderse nuevamente tierra en el hueco apuntalado en la muralla. Apuntalado como lo veis en las fotos desde que esas piedras se derrumbaron, unos días antes de Nochebuena. Qué gran regalo de Navidad para los vecinos de esta calle, que ocupa la parte trasera de la iglesia y que va a dar a un mirador bastante transitado también por los turistas.
Y lo cierto es que este regalo no es inesperado, no es el primero que esa muralla les ofrece. Un pedazo contiguo, reconstruido ahora (lo veis de color ligeramente más claro en las fotos), se cayó hace casi siete años. Entonces, los mismos vecinos que ven ahora peligrar su integridad de nuevo habían avisado de que un día u otro sucedería una desgracia, como han hecho ahora también en varias ocasiones. Consiguieron que la zona fuese visitada por la aparejadora del Ayuntamiento, que según estos testigos les tranquilizó diciéndoles que aquello resistiría. Que les tranquilizó es una forma de hablar, porque entre los testigos había personas dedicadas al noble arte de la construcción, y su optimismo no se les contagió. Según me contaban hoy, esa misma noche la muralla cedió. Sepulto la moto de uno de los vecinos, dañó las escaleras de ingreso a su casa y no se llevó a nadie por delante porque quiso el destino, o la Providencia, que nadie transitase en ese momento por la calle. Pero las piedras de la muralla acariciaron bruscamente las pareces de esas casas. De haber sido más alta la muralla… De hecho tal fue la vibración que el derrumbe produjo que posteriormente estos mismos vecinos advirtieron goteras en su techo y, al ir a repararlas un albañil contratado por ellos, éste les comentó que el problema se debía a que la desgracia había provocado que se descolocasen las placas sobre las que apoyaban las tejas.
El problema se repitió unos diez metros más adelante hace unos tres años, cuando otro pedazo de la muralla cedió sobre una cuadra. Y venía de antiguo: hace unos cuarenta y pico años otro pedazo de la misma se había derrumbado ya.
El boquete que observáis en las fotos, el que ahora nos ocupa y reclama atención inmediata, se abrió, como os decía, unos días antes de Nochebuena. Como otras veces, los vecinos habían avisado antes reiteradamente al Ayuntamiento del peligro, que es consabido. Ese día, cuando finalmente se derrumbó, al ser avisada, la policía se personó inmediatamente. Los vecinos fueron desalojados durante dos noches: tres familias debieron abandonar sus casas. En realidad toda la calle se veía afectada, pero las demás familias no viven asiduamente allí.
Desde entonces, desde antes de Navidades, ese boquete sigue apuntalado de la forma precaria que veis (los puntales internos apoyan sobre tierra removida). Y lo más preocupante no es sólo el tiempo que ha pasado (tiempo en el que esos vecinos no duermen tranquilos), sino todas las lluvias caídas que lógicamente aumentarán los desprendimientos en el terreno, en una roca que se erosiona con facilidad. Hoy otro de los afectados manifestaba que si no ha terminado de caerse no es por los puntales, sino porque Dios no ha querido. Y es que, en efecto, Él aprieta, pero no ahoga. Aunque las acciones de los responsables no se deberían limitar a confiar en esta máxima. Está muy bien tener fe, pero a veces eso no basta. No debe bastar. Especialmente si se es un cargo público.
Me confirman que la Policía Municipal pasa con una cierta frecuencia a ver el estado de la zona apuntalada. Pero lo cierto es que, a pesar de no albergar dudas sobre la escrupulosidad con la cual desenvolverán su función, ellos no son técnicos. Parece ser que los peritos estuvieron sacando fotos después de Navidades. Los vecinos se sienten abandonados y muy defraudados. “No se puede tener esto en tal estado de dejadez”, me decía uno hoy.
Las quejas al Ayuntamiento han sido múltiples y actualmente, ante la aparente pasividad, los vecinos están recogiendo firmas. La respuesta es siempre la misma: que ya están en ello. Pero en ello llevan desde las Navidades. Y éste es un problema recurrente desde, como hemos visto, el cuarenta y pico. Mucho llevan en ello para sólo parchear malamente algunas zonas con ladrillo (visto que la iglesia es uno de los monumentos más antiguos de Hervás, tengo mis dudas sobre lo oportuno de este tipo de “arreglos”) o rehacer pequeños tramos una vez éstos se han caído del todo. Será que a mí me ha encantado siempre el dicho “mejor prevenir que curar”. Sobre todo porque en este caso, con algo tan serio, podría no haber cura posible.
La otra respuesta es que esas obras son responsabilidad del Obispado.
Bien, querido Ayuntamiento de Hervás, a los vecinos ya les da igual de quién sea la jurisdicción y la responsabilidad: el riesgo real, inminente, está denunciado desde hace mucho, y se lleva demasiado tentando a la suerte. Lo razonable en este caso sería resolver el problema inmediatamente, y luego depurar responsabilidades o apelar a la conciencia de quién sea necesario. Solucionad primero y después echaos en cara entre vosotros todo lo que queráis. Lo pague el Obispado, el Ayuntamiento de Hervás o la Junta de Extremadura, eso ha de ser resuelto ya, PORQUE ES LA VIDA DE PERSONAS DE CARNE Y HUESO LA QUE ESTÁ EN JUEGO. DE PERSONAS QUE ESTÁN VIVITAS Y COLEANDO... DE MOMENTO. Podría decirlo incluso más alto, pero no más claro.
La pregunta es si vamos a seguir esperando hasta que ocurra una desgracia irreparable, una que no sea “sólo” material: hasta que un día alguien pase despreocupadamente por allí y una enorme roca de corazón duro se lleve su vida prematuramente por delante. O hasta que la ansiedad les destroce los nervios a quienes viven bajo esa amenaza constante.
Como me hacen notar los vecinos, en este momento si ocurriese alguna desgracia, si se necesitase asistencia médica urgente, por ejemplo, una ambulancia no podría acceder a esta calle. Como observáis en las fotos, ya resulta complicado simplemente entrar en esas casas; los pedruscos caídos llegan casi hasta las mismas puertas.
Por otro lado esa muralla, como os decía antes, forma parte de un patrimonio histórico que hay que salvaguardar, que está exigiendo un mantenimiento, una reconstrucción adecuada (que desde luego no debería pasar por el parcheo con ladrillo).
La iglesia de Santa María ocupó un bastión en origen templario. Fue construida en el siglo XIII y es escenario de algunas leyendas de esta comunidad; forma parte de un bagaje histórico, cultural y artístico que hay que preservar. Es un monumento de todos los hervasenses. Igual que este problema no atañe sólo a los habitantes de esa calle, sino a los de todo el pueblo.
Éste es, ante todo, un llamamiento a la solidaridad de todos los habitantes de Hérvás, que han de recuperar el sentimiento de pertenencia a una comunidad, como existió antaño. Hacedlo por generosidad, por empatía, por haber comprendido que lo que le sucede a uno es lo que nos sucede a todos. Pero si no sois capaces de hacerlo por esos motivos, hacedlo al menos por egoísmo. Porque mañana os podría tocar a vosotros: porque un día podrías tener un problema del que el resto del pueblo decidiese desentenderse.
Os recuerdo el famoso poema de Martin Niemoeller “Cuando los nazis vinieron”, que muchos atribuyen a Brecht.
Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a buscar a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío.
Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.
La lista para recogida de firmas que se presentará en el Ayuntamiento está en la tienda de ultramarinos de José Luis del Arco, en la calle Relator González… (La Calle de los Comercios para los hervasenses). Él es uno de los principales afectados (si bien tiene la fortuna de no vivir allí. Es su secadero el que podría desaparecer cualquier día bajo la muralla) y os atenderá con mucho gusto. No sigáis callando como habéis callado con tantas otras cosas sólo porque, como algunos confesáis en privado, “no se puede cambiar nada”. No os escondáis tras esa pobre justificación. Sería más vergonzoso aún en los tiempos que corren, en los que las voces ponderadas y pacíficas parecen dispuestas a reconquistar los lugares que les corresponden, a reconquistarlos incluso en circunstancias mucho más adversas que las nuestras. Id a firmar por conciencia, por compromiso, por generosidad. Y si no podéis, id a firmar por egoísmo. Pero id.
Por último, se me ha ocurrido que algunos hervasenses que viven lejos pueden (deberían) estar interesados en mostrar su apoyo y exigir una actuación responsable. Se me ha ocurrido que podríamos habilitar un correo electrónico para que a él pudiesen enviar su firma escaneada. Así mismo podríamos hacer otra lista con todos aquellos interesados en mostrar su apoyo a los vecinos de Hervás aun no siendo hijos de la villa. Quizá al Ayuntamiento le interese constatar cuántas personas, potenciales turistas, se preocupan por la buena salud del pueblo. Porque quizá un día podrán quedarse sin monumentos que visitar. Nuestros embutidos y dulces seguirán siendo proverbiales, pero no estaría mal que pudieseis encontrar aún el pueblo en pie si os decidís a hacernos una visita.
¿Qué exagero? No sé, podría ser: entero no se va a caer. Pero es que con la vida y la tranquilidad de las personas no se juega. Me parece.
Hoy acogeremos una entrada que recupera, sin metáforas ni otras figuras literarias, sin velos, la esencia originaria de este blog, y también de mi blog centrado en la naturaleza de Hervás (http://hervasencuatrosaltos.blogspot.com/). Ambos nacieron en su día con vocación de servicio a la comunidad, ya sea a la de Hervás o a una mucho más amplia. Y hoy ponemos ambos al servicio de la comunidad más restringida: la patria chica. Pero apelando también, por supuesto, a la solidaridad de los que componen la mayor: a quienes nos han visitado o nos visitará, a quienes quizá nunca lleguen a conocernos y sencillamente se preocupan por su prójimo. Porque además los amantes de la naturaleza suelen ser personas especialmente solidarias, en buena medida por motivos que analizamos hace ya algún tiempo.
Disculpareis si el título parece un tanto efectista. Si adopta tintes dramáticos o incluso catastrofistas. También podría haber titulado esta entrada “La muralla de Hervás se está cayendo”, parafraseando la famosa cancioncilla infantil inglesa “El puente de Londres se está cayendo”. Pero la cosa es que yo, que (os lo creáis o no) tiendo siempre a desdramatizar, en este momento no tengo ningunas ganas de tomármelo a broma. No, porque no es cosa de risa que las personas no concilien el sueño por las noches pensando si la muralla que rodea la Iglesia de Santa María de Hervás (Santa María de la Asunción de las Aguas Vivas) acabará cayendo sobre sus cabezas. No es una bella margarita que deshojar.
Hoy, a eso de las dos de la tarde, cuando le preguntaba a una de las vecinas más afectadas qué mensaje deseaba transmitir a las personas que leyesen esta entrada (a todos sus vecinos, si fuese posible que a ellos llegase a través de nosotros), qué sensación quería que los demás percibiesen, ella respondía, como es lógico, “que se vive con miedo”. Añadía “cuando escucho ruidos raros por la noche, pienso Ay, Dios mío, a ver si es la muralla que ya se está cayendo. Y cuando sopla el viento pienso a ver si se va a caer ahora”. Añade este testigo que ayer vio desprenderse nuevamente tierra en el hueco apuntalado en la muralla. Apuntalado como lo veis en las fotos desde que esas piedras se derrumbaron, unos días antes de Nochebuena. Qué gran regalo de Navidad para los vecinos de esta calle, que ocupa la parte trasera de la iglesia y que va a dar a un mirador bastante transitado también por los turistas.
Y lo cierto es que este regalo no es inesperado, no es el primero que esa muralla les ofrece. Un pedazo contiguo, reconstruido ahora (lo veis de color ligeramente más claro en las fotos), se cayó hace casi siete años. Entonces, los mismos vecinos que ven ahora peligrar su integridad de nuevo habían avisado de que un día u otro sucedería una desgracia, como han hecho ahora también en varias ocasiones. Consiguieron que la zona fuese visitada por la aparejadora del Ayuntamiento, que según estos testigos les tranquilizó diciéndoles que aquello resistiría. Que les tranquilizó es una forma de hablar, porque entre los testigos había personas dedicadas al noble arte de la construcción, y su optimismo no se les contagió. Según me contaban hoy, esa misma noche la muralla cedió. Sepulto la moto de uno de los vecinos, dañó las escaleras de ingreso a su casa y no se llevó a nadie por delante porque quiso el destino, o la Providencia, que nadie transitase en ese momento por la calle. Pero las piedras de la muralla acariciaron bruscamente las pareces de esas casas. De haber sido más alta la muralla… De hecho tal fue la vibración que el derrumbe produjo que posteriormente estos mismos vecinos advirtieron goteras en su techo y, al ir a repararlas un albañil contratado por ellos, éste les comentó que el problema se debía a que la desgracia había provocado que se descolocasen las placas sobre las que apoyaban las tejas.
El problema se repitió unos diez metros más adelante hace unos tres años, cuando otro pedazo de la muralla cedió sobre una cuadra. Y venía de antiguo: hace unos cuarenta y pico años otro pedazo de la misma se había derrumbado ya.
El boquete que observáis en las fotos, el que ahora nos ocupa y reclama atención inmediata, se abrió, como os decía, unos días antes de Nochebuena. Como otras veces, los vecinos habían avisado antes reiteradamente al Ayuntamiento del peligro, que es consabido. Ese día, cuando finalmente se derrumbó, al ser avisada, la policía se personó inmediatamente. Los vecinos fueron desalojados durante dos noches: tres familias debieron abandonar sus casas. En realidad toda la calle se veía afectada, pero las demás familias no viven asiduamente allí.
Desde entonces, desde antes de Navidades, ese boquete sigue apuntalado de la forma precaria que veis (los puntales internos apoyan sobre tierra removida). Y lo más preocupante no es sólo el tiempo que ha pasado (tiempo en el que esos vecinos no duermen tranquilos), sino todas las lluvias caídas que lógicamente aumentarán los desprendimientos en el terreno, en una roca que se erosiona con facilidad. Hoy otro de los afectados manifestaba que si no ha terminado de caerse no es por los puntales, sino porque Dios no ha querido. Y es que, en efecto, Él aprieta, pero no ahoga. Aunque las acciones de los responsables no se deberían limitar a confiar en esta máxima. Está muy bien tener fe, pero a veces eso no basta. No debe bastar. Especialmente si se es un cargo público.
Me confirman que la Policía Municipal pasa con una cierta frecuencia a ver el estado de la zona apuntalada. Pero lo cierto es que, a pesar de no albergar dudas sobre la escrupulosidad con la cual desenvolverán su función, ellos no son técnicos. Parece ser que los peritos estuvieron sacando fotos después de Navidades. Los vecinos se sienten abandonados y muy defraudados. “No se puede tener esto en tal estado de dejadez”, me decía uno hoy.
Las quejas al Ayuntamiento han sido múltiples y actualmente, ante la aparente pasividad, los vecinos están recogiendo firmas. La respuesta es siempre la misma: que ya están en ello. Pero en ello llevan desde las Navidades. Y éste es un problema recurrente desde, como hemos visto, el cuarenta y pico. Mucho llevan en ello para sólo parchear malamente algunas zonas con ladrillo (visto que la iglesia es uno de los monumentos más antiguos de Hervás, tengo mis dudas sobre lo oportuno de este tipo de “arreglos”) o rehacer pequeños tramos una vez éstos se han caído del todo. Será que a mí me ha encantado siempre el dicho “mejor prevenir que curar”. Sobre todo porque en este caso, con algo tan serio, podría no haber cura posible.
La otra respuesta es que esas obras son responsabilidad del Obispado.
Bien, querido Ayuntamiento de Hervás, a los vecinos ya les da igual de quién sea la jurisdicción y la responsabilidad: el riesgo real, inminente, está denunciado desde hace mucho, y se lleva demasiado tentando a la suerte. Lo razonable en este caso sería resolver el problema inmediatamente, y luego depurar responsabilidades o apelar a la conciencia de quién sea necesario. Solucionad primero y después echaos en cara entre vosotros todo lo que queráis. Lo pague el Obispado, el Ayuntamiento de Hervás o la Junta de Extremadura, eso ha de ser resuelto ya, PORQUE ES LA VIDA DE PERSONAS DE CARNE Y HUESO LA QUE ESTÁ EN JUEGO. DE PERSONAS QUE ESTÁN VIVITAS Y COLEANDO... DE MOMENTO. Podría decirlo incluso más alto, pero no más claro.
La pregunta es si vamos a seguir esperando hasta que ocurra una desgracia irreparable, una que no sea “sólo” material: hasta que un día alguien pase despreocupadamente por allí y una enorme roca de corazón duro se lleve su vida prematuramente por delante. O hasta que la ansiedad les destroce los nervios a quienes viven bajo esa amenaza constante.
Como me hacen notar los vecinos, en este momento si ocurriese alguna desgracia, si se necesitase asistencia médica urgente, por ejemplo, una ambulancia no podría acceder a esta calle. Como observáis en las fotos, ya resulta complicado simplemente entrar en esas casas; los pedruscos caídos llegan casi hasta las mismas puertas.
Por otro lado esa muralla, como os decía antes, forma parte de un patrimonio histórico que hay que salvaguardar, que está exigiendo un mantenimiento, una reconstrucción adecuada (que desde luego no debería pasar por el parcheo con ladrillo).
La iglesia de Santa María ocupó un bastión en origen templario. Fue construida en el siglo XIII y es escenario de algunas leyendas de esta comunidad; forma parte de un bagaje histórico, cultural y artístico que hay que preservar. Es un monumento de todos los hervasenses. Igual que este problema no atañe sólo a los habitantes de esa calle, sino a los de todo el pueblo.
Éste es, ante todo, un llamamiento a la solidaridad de todos los habitantes de Hérvás, que han de recuperar el sentimiento de pertenencia a una comunidad, como existió antaño. Hacedlo por generosidad, por empatía, por haber comprendido que lo que le sucede a uno es lo que nos sucede a todos. Pero si no sois capaces de hacerlo por esos motivos, hacedlo al menos por egoísmo. Porque mañana os podría tocar a vosotros: porque un día podrías tener un problema del que el resto del pueblo decidiese desentenderse.
Os recuerdo el famoso poema de Martin Niemoeller “Cuando los nazis vinieron”, que muchos atribuyen a Brecht.
Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a buscar a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío.
Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.
La lista para recogida de firmas que se presentará en el Ayuntamiento está en la tienda de ultramarinos de José Luis del Arco, en la calle Relator González… (La Calle de los Comercios para los hervasenses). Él es uno de los principales afectados (si bien tiene la fortuna de no vivir allí. Es su secadero el que podría desaparecer cualquier día bajo la muralla) y os atenderá con mucho gusto. No sigáis callando como habéis callado con tantas otras cosas sólo porque, como algunos confesáis en privado, “no se puede cambiar nada”. No os escondáis tras esa pobre justificación. Sería más vergonzoso aún en los tiempos que corren, en los que las voces ponderadas y pacíficas parecen dispuestas a reconquistar los lugares que les corresponden, a reconquistarlos incluso en circunstancias mucho más adversas que las nuestras. Id a firmar por conciencia, por compromiso, por generosidad. Y si no podéis, id a firmar por egoísmo. Pero id.
Por último, se me ha ocurrido que algunos hervasenses que viven lejos pueden (deberían) estar interesados en mostrar su apoyo y exigir una actuación responsable. Se me ha ocurrido que podríamos habilitar un correo electrónico para que a él pudiesen enviar su firma escaneada. Así mismo podríamos hacer otra lista con todos aquellos interesados en mostrar su apoyo a los vecinos de Hervás aun no siendo hijos de la villa. Quizá al Ayuntamiento le interese constatar cuántas personas, potenciales turistas, se preocupan por la buena salud del pueblo. Porque quizá un día podrán quedarse sin monumentos que visitar. Nuestros embutidos y dulces seguirán siendo proverbiales, pero no estaría mal que pudieseis encontrar aún el pueblo en pie si os decidís a hacernos una visita.
¿Qué exagero? No sé, podría ser: entero no se va a caer. Pero es que con la vida y la tranquilidad de las personas no se juega. Me parece.
lunes, 14 de febrero de 2011
NUÉGADOS
SECCIÓN:
LAS RECETAS DE LA INFANCIA
Ingredientes:
Obleas (grandes y preferentemente no azucaradas)
1 tazón de azúcar
1 tazón de pan rallado
2 tazones de nueces molidas en pedazos gruesos
2 cucharadas soperas de miel
2 tacitas (de café) de zumo de naranja recién exprimido
La ralladura de una naranja
Preparación
Ponemos al fuego en una cazuela el zumo, la miel, el azúcar y la ralladura. En el momento en que comienza a hervir, se vierte el pan rallado y las nueces. Las nueces se trocean preferentemente con un rodillo. No obstante, si os gusta la masa más fina, podéis usar un robot de cocina. Se remueve sólo para amalgamar y se retira del fuego.
En caliente, con la ayuda de dos cucharas, se coloca la pasta sobre una oblea y se cubre con otra. Se aplasta en caliente para que se adhieran bien y, aún en caliente, se recortan los bordes para que queden regulares. El estrato de relleno no debería ser demasiado grueso.
Normalmente, al menos en mi casa y en todas las que conozco de miembros de la familia, se sirven troceados en cuadraditos como el turrón.
Os advierto que las obleas no azucaradas se parten con más facilidad que las azucaradas. Para evitarlo hay que aplastarlas con sumo cuidado y estando el relleno lo más caliente posible.
Próximamente hablaremos un poco sobre este dulce tan típico de la Navidad en estos parajes, que cada día lamentablemente se prepara menos. Entre tanto, que ustedes lo cocinen bien. Habréis observado que es un esfuerzo muy pequeño para conservar un patrimonio cultural de siglos. Yo creo que vale la pena. Nuestros nietos deberían poder conocerlos.
domingo, 13 de febrero de 2011
PARA QUE NO CAIGA EN EL OLVIDO NI ENMUDEZCA DEFINITIVAMENTE
SECCIÓN:
LAS RECETAS DE LA INFANCIA
Abrimos hoy, tras una ausencia por la que me excuso y que en modo alguno es sinónimo de falta de interés por mis muy apreciados huéspedes, sino fruto más bien de las circunstancias, una nueva sección sobre cocina. Es mi intención intentar recuperar en ella recetas tradicionales que fueron de preparación cotidiana en Hervás hace no tantas décadas y que ahora, llegados ya quienes entonces cocinaban a una cierta edad, se van perdiendo. Cuántas veces he oído decir a vecinas del pueblo que ahora lucen unas espléndidas setenta u ochenta primaveras “yo, este año, ya he dejado de preparar los nuégados; me da pereza”. Totalmente comprensible que te de pereza después de llevar cincuenta o sesenta años preparándolos. Y cierto que en los establecimientos puedes encontrar dulces navideños aptos para casi cualquier ocasión sin necesidad de ensuciar y tener que limpiar toda la cocina. No obstante, sería aún más hermoso si a los hijos o nietos de esas mujeres (no es un comentario feminista; sabéis bien que en esa generación casi ningún hombre cocinaba. Aunque mi abuelo hacía unas excelentes tortillas de bacalao, por ejemplo) les diese por meterse en la cocina, acompañados de las matriarcas, y fuesen ellos quienes metiesen las manos en la masa. Seguramente la experiencia daría pie, además, a recuperar anécdotas del pasado, pedazos de las vidas de esas mujeres, que son también pedazos de nuestra propia historia. Sería una buena oportunidad para hablar más, porque en las familias existe cada día una mayor incomunicación. Y no se puede, no se debe vivir aislado. Y dejar que la experiencia acumulada en toda una vida se pierda es una pena, quizá incluso un pecado que antes o después habrá de tener su justo castigo.
La cocina es una parte fundamental de cualquier cultura, y un medio de expresión que a veces permite al individuo comunicar sentimientos de que otro modo no liberaría (pensemos en Como agua para chocolate). El deseo de cocinar es un indicativo esencial del estado de nuestro mundo afectivo. El día que comienza a turbarte la idea de que alguien a quien presuntamente amas se coma tus platos, comprendes que ha llegado el momento de sentarse y reflexionar, de rebuscar por dentro y asegurarse de que todo siga estando dónde estaba antes. Cuando dejas de entrar en la cocina, cuando renuncias a ese placer porque se te hace insoportable cocinar para él/ella, quiere decir que ya no hay vuelta atrás. Por el mismo motivo, cuando deseas cocinar para otras personas, eso es amor verdadero, sea del género que sea.
De hecho, como en el amor, creo que hay quienes entran en la cocina para comer y quienes lo hacen para que los demás coman. Pero me parece que sólo los segundos llegan a amar verdaderamente el arte culinario, y sólo ellos logran la magia, la simbiosis perfecta entre los ingredientes, el equilibrio entre originalidad y tradición, entre pasión y disciplina, entre creatividad y pragmatismo. En definitiva, creo que sólo los generosos, los que se dan mucho, llegan a ser buenos cocineros, por el mismo motivo por el cual sólo ellos llegan a ser buenos amantes (y por supuesto no estoy pensando únicamente, ni principalmente, en el plano físico). O quizá no lo sean, pero sus platos son los que tocan de verdad al corazón de los comensales. Porque el amor, lo cubras con las especias que lo cubras, se advierte siempre.
Así que quien esté dispuesto a emprender este viaje al pasado, que quiere ser al tiempo un viaje al futuro. Quien no tenga miedo a mancharse, a cortase y quizá a veces a quemarse (porque las manchas se lavan, las heridas cicatrizan y las quemaduras se curan), se arremangue los puños de la camisa (lavar no es tan divertido ni tan creativo como cocinar) y, con todo el entusiasmo del que sea capaz, me siga.
miércoles, 5 de enero de 2011
TIEMPO DE MORCILLAS
SECCIÓN:
LA VIDA COTIDIANA EN EL BARRIO JUDÍO
HABITANTES DEL BARRIO JUDIO, PERO TAMBIÉN EXTREMEÑOS: DEL CERDO, HASTA LOS ANDARES
¡Pero esta mujer ha perdido definitivamente el poco juicio que le quedaba! ¡El cerdo no es kosher! Acepto la objeción: por supuesto, el cerdo no es un alimento kosher. El Levítico 11:3-8 deja bien claro que los judíos pueden comer sólo herbívoros con pezuña hendida, lo que la práctica reduce las opciones al ganado bovino, ovino y caprino; pero deja al margen al cerdo (omnívoro), conejo, liebre y camello (que en Hervás no suele ser un plato muy común). No obstante actualmente tenemos la fortuna de gozar de libertad para profesar la religión que consideremos más oportuna o incluso no profesar ninguna, de tal forma que en el Barrio Judío pueden convivir habitantes de cualquier religión, gnósticos y ateos. Cada uno, por supuesto, seguirá las normas y preceptos que le dicte su conciencia por cuanto respecta a la cocina y al resto de ámbitos de la vida. Por ello no podemos obviar que el Barrio Judío es el lugar perfecto para comprar morcillas caseras. Menos todavía teniendo en cuenta que es éste el mejor momento para adquirirlas.
En honor a la verdad, las morcillas de calabaza, en este pueblo, afortunadamente, se pueden comprar casi en cualquier sitio. De momento en las farmacias no, pero a mí no me parecería una mala idea: algo tan bueno, si consumido con moderación, no puede hacer daño a la salud y proporciona no poca felicidad al espíritu. Yo también las compro en varios establecimientos (procuro irlos turnando; me parece justo comprar a veces en unos lugares y otras veces, en otros. Aunque por supuesto tengo mis preferencias como todo el mundo) de los que no daré nombres porque alguien siempre se quedaría fuera sin merecérselo, y las morcillas de cada una de esas tiendas (algunas fabricadas aquí por quienes las regentan y otras, en los alrededores) tienen su toque particular que gustará más a unos que a otros. Sin embargo en el Barrio Judío es fácil recuperar los sabores de un tiempo: las morcillas de la infancia. En bastantes casas se preparan aún, y una parte de ellas se venden al público. Ya sabemos que en teoría esto no se puede hacer. En general respeto las normas con celo, pero ello no implica que considere todas las normas justas. Estas morcillas, en efecto, no llevan etiquetas. Sin embargo a mí me basta probarlas para comerlas con infinita más tranquilidad que otros muchos productos que presuntamente han pasado los pertinentes controles de calidad.
“Esta insensata… instando a la gente a que se salte las normas de sanidad”, quizá piense alguien. Pues sí, qué queréis que os diga. Os hago notar sólo un pequeño detalle: muchas de las normas europeas relativas a la manipulación de alimentos, en concreto de embutidos por parte de los pequeños productores, son exageradas (por no decir absurdas en algunos casos. Eso sin contar con las que reducen la calidad del producto, que era infinitamente mejor cuando se seguían procedimientos tradicionales mucho más naturales), pero ahí tenemos el último escándalo de las dioxinas alemanas. Y luego a nosotros los productos porcinos se nos revisan con lupa… El fariseísmo es demasiado descarado, y a mí la ley del embudo nunca me ha gustado.
Os dejo el link en el que os podréis informar sobre la normativa que regula la matanza, siempre para consumo familiar, en Extremadura: http://sede.juntaex.es/tramitespdf/1804.
Lo que resulta prácticamente imposible en Hervás es encontrar morcillas de patata, mis preferidas. No sólo es imposible dar con alguien que las haya hecho para sí y te venda alguna, sino que ni siquiera en los establecimientos son fáciles de encontrar. El año pasado yo logré comprarlas sólo en dos lugares, y eran morcillas fabricadas en pueblos de los alrededores. La reticencia a prepararlas se entiende, ya que la manipulación de la patata, por una serie de motivos que ahora tampoco vamos a analizar, es mucho más pesada y complicada que la manipulación de la calabaza.
En la foto observáis una morcilla de calabaza y una de patata. La primera es la más arrugada y oscura. La segunda, la más gruesa y de superficie más tersa. Las dos son exquisitas; ahora las veis, ahora ya no las veis. Así que llegáis justo a tiempo: antes de que esgrima, con ternura, el cuchillo.
jueves, 17 de septiembre de 2009
LENTEJAS DE ESAÚ
SECCIÓN:
RECETAS DE COCINA SEFARDÍ
Exquisitas y sanísimas. Después de haberlas probado, uno comprende que Esaú le vendiese su primogenitura a Jacob a cambio de un plato de lentejas.INGREDIENTES (para 2 personas)
150 gr. de lentejas
150 gr. de carne picada
2 cebollas medianas
1 zanahoria mediana
una ramita de apio
1 taza de salsa de tomate (preferentemente frito en casa)
aceite de oliva
pimienta negra molida
sal
PREPARACIÓN
Dejamos las lentejas a remojo durante una noche. Antes de empezar a preparar el plato, las escurrimos y reservamos.
Cortamos en juliana fina las cebollas, zanahoria y apio (al que quitaremos cuidadosamente las hebras). Sofreímos someramente los vegetales con una pizca de sal en una cacerola con aceite de oliva. Añadimos al sofrito la carne picada (puede ser sólo de vacuno, pero yo no renuncio a introducir un tercio de carne porcina: el toque maestro, como cuando preparáis lasagne alla bolognese) y removemos unos segundos. Apenas la carne deje de parecer cruda, vertemos las lentejas en la cacerola y añadimos la salsa de tomate, una pizca de pimienta negra y abundante agua.
Dejamos cocer lentamente hasta que las lentejas estén en su punto y el caldo se haya concentrado.
ADVERTENCIAS
En la última fase de la cocción conviene remover frecuentemente para que las lentejas no se peguen al fondo de la cacerola y acaben quemándose. El riesgo de que esto suceda lógicamente aumenta a medida que el agua de la cocción se evapora y el caldo se concentra.
VARIANTES
miércoles, 9 de septiembre de 2009
PONIENDO DE MANIFIESTO LAS INCOHERENCIAS. ¿POR QUÉ NO CERRAR A LOS VEHÍCULOS EL BARRIO JUDÍO?
En más de una ocasión en la corta vida de este blog hemos puesto de manifiesto el esfuerzo derrochado por los habitantes del Barrio Judío y las autoridades responsables de la conservación del mismo por respetar los cánones arquitectónicos tradicionales. Cierto es que se han cuidado
incluso pequeños detalles como los armarios para esconder los contadores externos a las casas o las mangueras antiincendio, rigurosamente fabricados en madera y rematados por herrajes con sabor a antiguo. Por eso resulta aún más sorprendente y horripilante encontrar modernos medios de locomoción aparcados en sus callejuelas. Los coches, con sus colores chillones, afean sobremanera la judería, deslucen su bella arquitectura. Pero además implican otra serie de problemas que no son únicamente de naturaleza estética.Para empezar, habría que proteger estos edificios de la contaminación directa ocasionada por los coches y motos. Pero es que además el uso de
medios de locomoción mecánicos en esta zona del pueblo se convierte en un engorro que no facilita en absoluto la vida ni ofrece comodidad. Dado que las calles son muy angostas, circular por ellas se hace extremadamente complejo: no pocas veces aparcar implica maniobras casi imposibles y esperar a que el tráfico se despeje exige una paciencia infinita. Un par de coches ya son suficientes para originar un tapón considerable. Imaginemos lo que sucede cuando una furgoneta comercial (a menudo de gran tamaño) se empeña en transitar por él (lo que sucede constantemente). En resumidas cuentas, se tarda mucho más en llegar a donde se quiere ir en coche que a pie.Es decir que el tráfico en el Barrio Judío no sólo afea y contamina una zona histórica, sino que en realidad no facilita la vida a sus habitantes. Más bien todo lo contrario. De hecho, no es raro escuchar cómo algunos de ellos se quejan precisamente de esto.
Por todo ello, aunque supongo que mi propuesta no será bien acogida por los habitantes de la judería que son propietarios de vehículos y que desean tenerlos aparcados bajo su casa, creo que
la medida más lógica sería cerrar el Barrio Judío al tráfico.De hecho, incluso los propietarios de coches verían mejorar su calidad de vida si no pudiesen transitar por el barrio con sus coches, ya que evitarían perder su precioso tiempo y no pondrían en riesgo su serenidad.
La policía local suele apelar al buen juicio de los ciudadanos y pide a los visitantes que sean comprensivos con los problemas que el tráfico pueda ocasionar en el casco antiguo. Yo diría que no debemos resignarnos a pedir comprensión. Debemos evitar que dichos problemas lleguen a producirse.
Con tal fin, sería deseable que las autoridades competentes decidiesen
cerrar al tráfico el Barrio Judío. No obstante, medidas como ésta son muy poco populares a corto plazo (para que los habitantes aprecien sus beneficios se requiere un poco de tiempo o una clara visión de futuro por su parte), y por tanto es de esperar que muy pocas administraciones tengan el coraje de emprenderlas.En cualquier caso, se tome una medida de este tipo o no, creo que aún más importante es concienciar a los vecinos de que hay cosas que no se deben hacer, incluso si no están explícitamente prohibidas. No se deben hacer sencillamente porque dañan algo que es de la comunidad, y la comunidad somos todos.
Por tanto apelo a los vecinos del Barrio Judío para que sean ellos quienes se conviertan en protagonistas de una iniciativa ciudadana, para que sean ellos quienes den ejemplo de buen juicio y de responsabilidad.
Creo que convendría recordar que cada vez son más las ciudades europeas que deciden cerrar al
tráfico sus cascos históricos con el fin de protegerlos y conservarlos mejor. Este tipo de medidas se adoptan incluso en zonas mucho más amplias que el Barrio Judío de Hervás, que se puede recorrer perfectamente en su totalidad a pie sin ningún esfuerzo. De hecho, me permito recordar que antaño los coches no bajaban a la judería. Quienes tienen ya una cierta edad recordarán que, hace unos cincuenta años, incluso los distribuidores evitaban bajar con sus furgonetas de reparto, que solían quedar aparcadas en La Plaza. Los productos sencillamente se distribuían por las tiendas con carritos para mercancías. Una prueba más de que nuestra propuesta no es descabellada en absoluto.
domingo, 6 de septiembre de 2009
sábado, 5 de septiembre de 2009
ASÓMATE A LA VENTANA
SECCIÓN:
ELEMENTOS ARQUITECTÓNICOS
Si las puertas del Barrio Judío nos sugieren una invitación a abrirse al exterior, las ventanas parecen inducir al recogimiento.En las fachadas del Barrio Judío encontramos escasas ventanas por lo general de dimensiones
reducidas y en ocasiones incluso minúsculas, ventanucos de menos de dos palmos con cristales fijos. Por este motivo, la usanza de mantener la parte superior de las puertas abiertas se hace casi imprescindible para mantener la casa ventilada. Las ventanas, cuadradas o rectangulares, son adinteladas y extremadamente sencillas, en el mejor de los casos con un marco apenas devastado en madera de castaño y sin alféizares.A pesar de la sensación de claustrofobia que algunas de éstas
pueden inspirar, quienes aún habitan casas con ventanas de estas características, aseguran que son sus pequeñas dimensiones las que permiten que los hogares se mantengan más frescos en verano y calientes en invierno. No es de extrañar, dado que los vanos reducidos apenas ocasionan brechas en el aislamiento que los anchísimos muros ofrecen contra el frío o calor exteriores, pues tanto por grosor como por los materiales con los que fueron construidos (piedra y adobes), permiten una bajísima conducción térmica. Además, las ventanas pequeñas impiden la entrada del bochorno y los rayos solares en verano y, en invierno, evitan que escape el calor acumulado dentro de la casa gracias a las chimeneas, estufas o cualquier otro sistema de calefacción.
jueves, 3 de septiembre de 2009
LA BIENVENIDA DE LAS PUERTAS ABIERTAS
SECCIÓN:
ELEMENTOS ARQUITECTÓNICOS
El Barrio Judío es un reducto de tradiciones no sólo arquitectónicas, en él pervive aún la admirable costumbre, hasta hace no mucho extendida en buena parte del pueblo, de mantener
las puertas abiertas durante todo el día. Al menos cuando el buen tiempo lo permite. Da la sensación de que a la desconfianza le cuesta anidar allí, de que la hospitalidad o el afán de mantenerse abierto al mundo, de integrarse, de sentirse parte de una comunidad, sigue pesando más que el miedo que nos somete a su imperio cada día un poco más. Y es que cuando uno pasea por sus calles, en efecto, le parece percibir que allí las
relaciones entre los vecinos siguen siendo más estrechas de lo que resulta usual hoy en día, más similares a lo que fueron un tiempo.En el Barrio Judío casi todas las puertas siguen los cánones que también predominaban en el pasado en la parte alta de Hervás (usamos este denominación atendiendo simplemente a la morfología del pueblo, ya que para acceder a la judería hay que descender por
cualquiera de sus accesos). Allí muchas de ellas siguen siendo bastante antiguas, pués no pocas casas están deshabitadas desde hace tiempo. No obstante, la mayor parte de las rehabilitaciones recientes han respetado también cuidadosamente esos cánones haciendo uso de puertas de nueva fabricación que reproducen modelos antiguos.Ni que decir tiene que las puertas de Hervás eran fabricadas en resistente madera de castaño (y generalmente decoradas con gruesos clavos). Un
material que suele ser común también en los dinteles y en ocasiones incluso en las jambas, que otras veces son de piedra. Se trataba de recias puertas que a simple vista se podrían considerar celosos custodios de la intimidad de los habitantes de sus casas. Sin embargo, su forma nos habla más bien de una marcada voluntad de promover la integración y la socialización, de acercar más que de alejar. El modelo de puerta más común estaba constituido por una hoja
de una pieza y otra dividida en dos, de las cuales la superior solía mantenerse —y en el Barrio Judío suele mantenerse aún— abierta. Para evitar que demasiado calor entrase en la casa y también para proteger el zaguán de miradas excesivamente indiscretas, tras la hoja de la puerta que solía permanecer parcialmente abierta todo el día se colocaba una cortina tupida, como las que aún se pueden ver actualmente en algunas casas de la judería.
En algunas de esas puertas antiguas podemos ver todavía las gateras por las los pequeños compañeros de los antiguos pobladores del Barrio Judío regresaban a sus hogares.Las puertas también pueden ser más estrechas, de una sólo hoja dividida en dos.
Las anchas puertas de dos hojas de una pieza, a menudo muy destartaladas, solían dar paso a bodegas privadas y en algunas ocasiones a bodegas abiertas al público, como la famosa bodega Los Conos, hoy lamentablemente cerrada. Algunas de éstas están semienterradas. Aunque también es posible encontrar casa con el ingreso semienterrado.








miércoles, 2 de septiembre de 2009
CON LOS OJOS DE LA NOSTALGIA
SECCIÓN:
VEINTE AÑOS NO SON NADA
Inauguramos hoy una sección destinada a acompañarnos a lo largo de toda nuestra andadura. Se trata de un espacio dedicado al recuerdo y quizá un poco a la sana melancolía, en el que intentaremos mirar el Barrio Judío con los ojos de antaño. Lamentablemente ya no podremos recuperar algunos paisajes hoy desaparecidos, no podremos mostrar al visitante las míticas Cuevas del Calvo (entre el Barrio Judío y la Iglesia) o la no menos transitada bodega Los Conos. Tendremos que conformarnos con recurrir al sepia para alimentar la ilusión de que, en efecto, veinte años no son nada. 
























