" Hervás con sus castañares recoletos en la falda de la sierra, que hace espalda de Castilla, tus telares reliquias de economía medieval que el siglo abroga, y en un rincón la sinagoga en la que la grey se reunía, que hoy añora la verdura de España, la que regara con su lloro, -de él no avara- el Zaguán de Extremadura"
(Miguel de Unamuno)


Os invito a que emprendamos juntos un viaje gracias al cual esperamos llegar a conocer mejor el Barrio Judío de Hervás y su patrimonio histórico y cultural en general. Porque sólo protegemos lo que amamos, y sólo amamos lo que conocemos.

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domingo, 20 de febrero de 2011

QUE LAS HADAS PROTEJAN LAS MURALLAS DE HERVÁS. Y DERRIBEN LAS MENTALES

Hoy quiero parafrasear un título de Laura Uve (“Que las hadas protejan el amor” −http://u-topia1.blogspot.com/2011/02/que-las-hadas-protejan-el-amor.html−. Porque citar correctamente suele ser motivo de orgullo para el autor, y nada tiene que ver con el ruin plagio), y hacer un llamamiento a esas hadas en las que ella cree. En las que yo, a pesar de mi edad, aún sigo creyendo con una fe que no quiero considerar ciega, sino de penetrante vista. Porque, en efecto, no sólo es posible ver con los ojos. Y ése es uno de los motivos por los cuales os insto siempre a reapropiaros del tan (y tan injustamente) denostado tacto: a tocar, entre otras cosas, los árboles. Aprender a sentir es un largo proceso. Y el aprendizaje sentimental requiere mucha práctica.

Ayer, regresando de Gargantilla bajo la torrencial lluvia, la muralla, el agujero en la muralla, se materializó en mi mente. Porque estaba muy sumida en el paisaje interior y en su apasionado idilio con el paisaje exterior que me circundaba, pero no podemos caer en la tentación (ni siquiera los amantes más encendidos deben) de desgajarnos sin más del mundo. Ni de permitir que nuestra alegría o nuestro dolor se nos antoje el universo entero. Porque, de hecho, quizá nuestra alegría o nuestro dolor valgan mucho menos si no son compartidos. Quizá ni siquiera merezcan tales nombres cuando brotan aislados. Y porque yo no soy solo conmigo mismo: soy con otros, insertado en un tejido social que me debe, pero al que yo también debo. Siempre he considerado más satisfactorio regalar a que me regalen, amar a que me amen, escuchar (aunque quizá a veces no lo parezca) a que me escuchen.

Ayer pensaba en los efectos devastadores, peligrosísimos, que tendría toda esa agua en el precario apuntalamiento. En cómo el terreno se empaparía y pesaría cada vez más y más. Hasta quizá derrumbarse definitivamente.

Hoy, un vecino afectado me comunica que otro de los penitentes, conocedor además de los secretos del noble arte de la albañilería, asegura haberse percatado de que a lo largo de esta noche una modificación ha habido: uno de los puntales de la derecha se comba más que antes. Bajo lo que un profesional describe como un peso que ha aumentado en las últimas horas. Las piedras, la tierra y el lodo siguen bajando furtivamente, sigilosamente. ¿Dejaremos que ese lodo entierre? ¿Que enfangue la conciencia y con ella la memoria?

Si no nos protege el Ayuntamiento, que al menos nos protejan las hadas. Aunque, con todo el amor y el agradecimiento que nutro por lo sobrenatural, yo preferiría que fuesen los primeros quienes lo hiciesen: supondría un gesto. Quizá un gesto indicativo de un cambio de actitud. Y también de un cambio en el acercamiento a los vecinos de Hervás y sus problemas, a los problemas de las personas cuyos intereses presuntamente representa. Que el sistema no se revele un espejismo. Porque yo soy, fundamentalmente, mujer de fe. Y quiero seguir creyendo.

Mi salud mental y emocional agradecería sobremanera al Ayuntamiento de Hervás que tomase medidas, aunque éstas hubiesen de ser provisorias (si de verdad quien tiene que poner los fondos, sea quien sea, no dispone en este momento de ellos). Aunque fuese revisando (por parte de expertos fiables) el apuntalamiento y renovándolo. Si es que de momento no es posible restaurar, cuanto menos, ese pedazo de muralla. No esperemos a la desgracia.

6 comentarios:

  1. Que panda de incompetentes...tantas administraciones distintas y ya ves.

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  2. En efecto lo que llama la atención es la falta de previsión: el que desde que se detectó el problema hayan pasado tantas personas por los cargos y a nadie parezca habérsele ocurrido cercenar definitivamente la preocupación restaurando la muralla. No sé, supongo que forma parte de la naturaleza humana: “a mí no me va a pasar” o “esto ya lo haré mañana”.
    Aunque también apabulla el estado en el que lleva eso desde que comenzó a derrumbarse en Navidades, y teniendo en cuenta las lluvias. Comprendo que seguramente existen conflictos de competencias. Pero cuando se pone en riesgo a las personas, ya deja de valerme ese tipo de explicación, incluso siendo cierta.
    Enorme beso.

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  3. No creo en las hadas, pero tampoco en los políticos. ¿Tal vez un milagro?

    Bonito blog, Salomé. Y precioso lugar.

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  4. Querido Jesús, me has arrancado una risa. Y eso que en este momento no… Y ya se sabe que para mí un rato largo sin reírme puede llegar a ser fatal: la seriedad me mustia a pasos acelerados. No sé, yo no pondría a los políticos y las hadas al mismo nivel. Ahora iba a añadir una impertinencia, pero mi sentido del humor más deslenguado ha de quedarse para la esfera privada, porque si no, esto podría empezar a desmandarse. Vamos, nada grave: sólo iba a decir que, como es bien sabido, yo nutro mucho respeto por los seres que pueblan el bosque. ¡Ups! Ya lo he dicho. Veis, a veces también a mí se me escapa alguna cosilla, así, involuntariamente. No, en serio, la de político es una noble profesión. Lo que falla, cuando falla, son las personas que no saben ver cuál debería ser su cometido. No digo que sea éste el caso, y por eso apelo al buen juicio del Ayuntamiento. Quizá no sea el único buen juicio al que apelar, pero es el más directo y el que se debería encargar de defender los intereses de sus vecinos. Touché, después de la entrada de ayer, ¿cómo te digo yo que la solución del milagro no me convence? Abrazos.

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  5. Siempre el tacto será el gran referente de los ojos.

    Bella la música del mi siempre amado Jordi Savall.

    ¡Que no se caiga!

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  6. Que no se caiga, no, Sofía, que no se caiga. Y aser posible, que tampoco dejemos que se caiga... Abrazos.

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