" Hervás con sus castañares recoletos en la falda de la sierra, que hace espalda de Castilla, tus telares reliquias de economía medieval que el siglo abroga, y en un rincón la sinagoga en la que la grey se reunía, que hoy añora la verdura de España, la que regara con su lloro, -de él no avara- el Zaguán de Extremadura"
(Miguel de Unamuno)


Os invito a que emprendamos juntos un viaje gracias al cual esperamos llegar a conocer mejor el Barrio Judío de Hervás y su patrimonio histórico y cultural en general. Porque sólo protegemos lo que amamos, y sólo amamos lo que conocemos.

Seguidores

VideoBar

Este contenido todavía no está preparado para las conexiones cifradas.

lunes, 14 de febrero de 2011

NUÉGADOS



Ingredientes:




Obleas (grandes y preferentemente no azucaradas)

1 tazón de azúcar

1 tazón de pan rallado

2 tazones de nueces molidas en pedazos gruesos

2 cucharadas soperas de miel

2 tacitas (de café) de zumo de naranja recién exprimido

La ralladura de una naranja





Preparación



Ponemos al fuego en una cazuela el zumo, la miel, el azúcar y la ralladura. En el momento en que comienza a hervir, se vierte el pan rallado y las nueces. Las nueces se trocean preferentemente con un rodillo. No obstante, si os gusta la masa más fina, podéis usar un robot de cocina. Se remueve sólo para amalgamar y se retira del fuego.

En caliente, con la ayuda de dos cucharas, se coloca la pasta sobre una oblea y se cubre con otra. Se aplasta en caliente para que se adhieran bien y, aún en caliente, se recortan los bordes para que queden regulares. El estrato de relleno no debería ser demasiado grueso.

Normalmente, al menos en mi casa y en todas las que conozco de miembros de la familia, se sirven troceados en cuadraditos como el turrón.

Os advierto que las obleas no azucaradas se parten con más facilidad que las azucaradas. Para evitarlo hay que aplastarlas con sumo cuidado y estando el relleno lo más caliente posible.

Próximamente hablaremos un poco sobre este dulce tan típico de la Navidad en estos parajes, que cada día lamentablemente se prepara menos. Entre tanto, que ustedes lo cocinen bien. Habréis observado que es un esfuerzo muy pequeño para conservar un patrimonio cultural de siglos. Yo creo que vale la pena. Nuestros nietos deberían poder conocerlos.

11 comentarios:

  1. A sua receita deste belo doce é uma das formas de contribuir para a preservação de um Património Cultural....
    Cumprimentos

    ResponderEliminar
  2. Fernando, qué grata sorpresa verte por aquí. No me digas que además de ser un excelente fotógrafo, dominas el sublime arte de la cocina. Ya lo veo: acabaremos intercambiando recetas. Como cuando de críos intercambiábamos cromos, ¿recuerdas? No tú y yo (de tú, por favor), claro está (sospecho que vivíamos un poco lejos). Pero nunca está de más volver, aunque sea sólo momentáneamente, a la infancia. Abrazos e infinitas gracias por una visita que me hace mucha ilusión; siempre he adorado al cocina. Se liga a un momento muy especial de mi vida: a un excepcional paisaje fuera y dentro.

    ResponderEliminar
  3. Salomé, yo también domino el sublime arte de la cocina...pero en el sentido de que me gusta mucho comer. Y mira que debe uno cuidarse, que los kilos te vuelven torpe y vago, más que los años. En fin, eso tiene una pinta fantástica, para desayunar, de postre en la comida, con el café de la tarde, entre horas, de madrugada....
    Un beso grande

    ResponderEliminar
  4. Te veo muy entusiasta con el tema. Demasiado: podrías acabar rodando más que andando. Ningún problema desde el punto de vista estético, pero también hay que pensar en las arterias, el corazón y esas cosillas. Sí, hay que pensar en permanecer ágil para no perderse nada de lo que hay ahí fuera. Y cada año resulta más difícil, por supuesto. Y exige más entrenamiento. Aunque la montaña lo quema todo, se come todos los kilos de más.
    No sé si le sucede al resto de las personas: yo, cuando estoy fibrosa, siento que el equilibrio entre mente, cuerpo y… (sí, me voy a atrever a decirlo) alma se extrema. Es una suerte de estado de iluminación.
    La cocina es el paisaje en el que los caballeros florecen y cautivan. Curiosamente casi todos tienden a sospechar que este tipo de comentarios los haces para lavar el cerebro, para ahorrarte tener que cocinar. Pero no, es que realmente los señores, cuando le ponen voluntad, son fascinantes tras el mandil. Siempre que sean ellos quienes, después, también frieguen todos los cacharros que hayan ensuciado. O sea no vale eso de “mira cariño que cosa tan rica te he preparado; pero ahora friegas tú toda la cocina, que parece un campo de batalla”. Uy, si al final esto va a parecer un alegato. Enorme beso.

    ResponderEliminar
  5. Ya te vale con eso de los cacharros...
    Si vieras los comistrajos que me he tenido que meter para dentro en mis primeros años de independencia...tenía apenas 17 y había comidas imposibles, tanto que el gato me decía que se quería mudar...
    Por cierto, a mí no me disgusta fregar (de limpiar los cristales, coser y planchar...mejor no hablo).
    Un beso grande

    ResponderEliminar
  6. Así que el gato se quería mudar… Eres único. Uno de estos días me matarás de la risa. No es un comentario hecho a la ligera. No sé en España, pero desde luego en Italia casi todos los señores que se meten en la cocina (los que se meten… No sé si me explico) la dejan así, como si hubiese caído un obús, lista para que la recoja la señora correspondiente. Hombre, no sé, cuando una señora se pone a preparar algo no espera que después los cacharros se los frieguen los duendes. A lo mejor es que tenemos menos fe en lo sobrenatural que los señores.
    A mí fregar cacharros sí que me fastidia. ¿Limpiar cristales? Ah, ¿pero es que se limpian? A lo mejor por eso entra cada día menos luz en casa. Mira, de coser no hablamos porque yo creo que me terminé de enamorar locamente de Ralph Fiennes (esto no tiene nada que ver para que, al tiempo, siga siendo fiel a Ian, obviamente. Bueno, y a Sean… Y a Edward Norton... Y a Eduardo Noriega, por supuesto. Y si vamos a ser totalmente sinceros… Mejor me callo) cuando le vi con una aguja en las manos en el Paciente inglés. ¿He oído planchar? Ahora me iré al diccionario a buscarlo. ¡Qué estoy llegando a los cuarenta, por favor: la arruga es bella! Beso enorme.

    ResponderEliminar
  7. Joer...entonces no soy un bicho raro.
    Y yo que creía...
    Vaya con la damisela...la arruga es bella dice...
    Así que la luz entra en tu casa con cierta dificultad, jajaja...te digo yo...
    Besos

    ResponderEliminar
  8. “Y yo que creía…”. Me inquieta esta frase. No me digas que me hacías todo el día con el plumero en la mano. Vaya, pues lamento decepcionarte, pero va a ser que no. Aunque ése sí lo toco sin sufrir urticaria, mientras que la aguja me repele totalmente. Hombre, puedo coser botones como cualquiera o mejor (soy muy meticulosa −u obsesiva− y no se caerán jamás). Pero pasando de ahí… comienza a entrarme fiebre. Para ser justos y totalmente sinceros, mi casa no es tan oscura en realidad. Sólo un poquito a periodos. Supongo que como la de todo el mundo. Beso enorme.

    ResponderEliminar
  9. Y yo que creía que era el único perezoso con el limpiacristales....
    Damisela mal pensada

    ResponderEliminar
  10. No te creas. En realidad pienso siempre bien de mi prójimo. De hecho prefiero pecar de inocente que lo contrario. Como se suele decir, cada uno se mata como quiere: con el tabaco (bueno, ya no), con el alcohol o con el exceso de inocencia. Aunque en efecto hay personas maravillosas ahí fuera… Sí, yo creo que merece la pena seguir arriesgándose. Besos.

    ResponderEliminar
  11. Una serie molto bella bravissima, un abbraccio GUIDO.

    ResponderEliminar